"Frida Kahlo y Diego Rivera"
Diego Rivera le inspiró a Frida Kahlo un montón de cartas y poemas de amor, ella comienza a escribir en su diario la pasión que le inspiró este hombre en forma de cartas. Una historia llena de idas y venidas, pero por sobre todas las cosas de un amor incondicional.
"Diego: nada comparable a tus manos ni nada igual al oro-verde de tus
ojos. Mi cuerpo se llena de ti por días y días. Eres el espejo
de la noche. La luz violeta del relámpago. La humedad de la tierra.
El hueco de tus axilas es mi refugio. Toda mi alegría es sentir brotar
la vida de tu fuente-flor que la mía guarda para llenar todos los caminos
de mis nervios que son los tuyos".
Diario íntimo, Frida Kahlo, Ed. Debate. Círculo de lectores,
Madrid, 1996.
"Henry Miller y Brenda Venus"
A una edad en que la mayoría de los hombres se entregan a la muerte
Henry Miller nos prueba que el amor no tiene edad que el espíritu de
los hombres apasionados sólo se extingue con la muerte. Conoce a la
actriz Brenda Venus a los 84 años de edad, ella era mucho más
joven que él. Una historia de amor que duró 5 años hasta
la muerte de Henry y que dejo un testimonio de más de 1500 cartas.
Este amor lo sostuvo y lo llenó de ansias de vivir sus últimos
años en esta tierra.
"Me gustaría poder escribirte en ruso, en azteca (sic), en armenio
y en iraní. Porque eres ilimitada. Eres lo que los griegos llaman `nada
en moderación`. Eres Mona, Anaïs, Lisa, tout le monde, todas combinadas.
Fuego, aire, tierra, océano, cielo y estrellas".
"Y ahora un hombre de 87 años, locamente enamorado de una mujer
joven que me escribe las más extraordinarias cartas, que me ama a morir,
que me mantiene vivo y enamorado (un perfecto amor por vez primera) que me
escribe tan profundas y emocionantes reflexiones que me siento feliz y confuso
como sólo un adolescente podría estarlo. Pero por encima de
todo, agradecido, y afortunado. ¿Merezco realmente tan hermosos elogios
como tú me dedicas? Haces que me pregunte quién soy exactamente,
si me conozco en realidad y qué soy. Me tienes en el misterio. Por
lo cual aún te amo más. Caigo de rodillas y rezo por ti, te
bendigo con la poca santidad que hay en mí. Viaja feliz, mi queridísima
Brenda y no lamentes nunca este romance a mitad de tu joven vida. Los dos
hemos sido bendecidos. No somos de este mundo. Somos las estrellas y el universo
de más allá.
Larga vida a Brenda Venus. ¡Dios le conceda dicha, plenitud y amor eterno!
"Querida Brenda", Henry Miller, Ed. Seix-Barral, Barcelona, 1986.